A las enfermeras, nuestra gratitud

Pastoral de la salud

Esta semana celebramos el Día de la Enfermera o Enfermero el seis de enero. Estas personas que nos cuidan, atienden y se preocupan de nuestra salud cuando nos encontramos en el hospital, merecen nuestro reconocimiento y respeto.

Muchos de ellas y ellos son verdaderamente como esa luz que encienden el día de su graduación, pues llevan esperanza de aliviar el dolor y el consuelo que cura.

Recientemente, el papa Francisco en una de sus homilías en la Casa de Santa Martha dijo hablando de la ternura de Dios: “La imagen que me viene es la de las enfermeras, la de una enfermera en un hospital, que cura las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se involucra, se mete en nuestra miseria, se acerca a nuestras llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre”.

Ser enfermera es una vocación de servicio, es mirar a Cristo en el rostro sufriente del enfermo, es contemplar la humanidad de Dios en cada una de las personas a quien se sirve.

Muchas veces, son ellas quienes se ocupan de proporcionar los cuidados paliativos al paciente. El objetivo de los cuidados paliativos es del cuidado total y activo de los pacientes cuya enfermedad no responde a un tratamiento curativo. El control del dolor, de otros síntomas, y de problemas psicológicos, sociales y espirituales, adquiere en ellos una importancia primordial. Es conseguir la máxima calidad de vida posible para los pacientes y sus allegados.

Es muy importante explorar qué situación, síntoma, estímulo o estado concretos —biológicos, psicológicos y-o sociales— percibe el enfermo como una amenaza importante para su existencia o integridad, física o psicológica.

Si queremos disminuir el sufrimiento del enfermo e incrementar su bienestar, deberemos:

1.— Identificar aquellos síntomas somáticos y/o alteraciones psicológicas que son percibidos como una amenaza.

2.— Compensar, eliminar o atenuar dichos síntomas.

3.— Detectar y potenciar los propios recursos del enfermo.

Dios les pague y les recompense la enorme labor que realizan en bien del ser humano, de toda la persona. Muchas gracias a las enfermeras, que Santa Águeda patrona de las enfermeras, interceda por ustedes, las proteja y acompañe.— Presbítero Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos, coordinador Diocesano para la Pastoral de la Salud

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