Son personas que merecen las mismas oportunidades

El pasado martes 3 de diciembre celebramos el Día Mundial de las Personas con Discapacidad. En torno a esta efeméride, el papa Francisco recuerda en particular “cómo la promoción del derecho de participar desempeña hoy un papel central en la lucha contra la discriminación y en la promoción de la cultura del encuentro y de la calidad de vida”.

También destaca que, aunque se han hecho grandes progresos para las personas con discapacidad en el ámbito de la medicina y el bienestar, todavía se percibe “la cultura del descarte” y muchos de ellos sienten “que existen sin pertenecer y sin participar”.

Igualmente, indica que es necesario “cuidar y acompañar” a estas personas “en todas las condiciones de vida”, empleando las tecnologías, “pero sin absolutizarlas”; hacerse cargo de las situaciones de marginalidad “con fuerza y ternura”; caminar con ellos y “’ungirles’ de dignidad” para que participen “en la comunidad civil y eclesial”.

Para el papa Francisco “hacer buenas leyes y derribar las barreras físicas es importante, pero no es suficiente si no cambia también la mentalidad, si no superamos una cultura generalizada que sigue produciendo desigualdades, impidiendo que las personas con discapacidad participen activamente en la vida cotidiana”.

Estamos llamados a reconocer en cada persona con discapacidad, incluso con discapacidades complejas y graves, una contribución singular al bien común a través de su biografía original. Reconocer la dignidad de cada persona, sabiendo que no depende de la funcionalidad de los cinco sentidos (cf. Coloquio con los participantes en la Conferencia sobre Discapacidad de la IEC, 11 de junio de 2016). El Evangelio nos enseña esta conversión. Necesitamos desarrollar anticuerpos contra una cultura que considera algunas vidas de serie A y otras de serie B: ¡esto es un pecado social!

En los últimos años se han puesto en marcha y llevado al cabo procesos inclusivos, pero todavía no son suficientes, porque los prejuicios producen, además de barreras físicas, también limitaciones al acceso a la educación para todos, al empleo y a la participación. Una persona con discapacidad, para construirse a sí misma, necesita no solo existir sino también pertenecer a una comunidad.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador Diocesano para la Pastoral de la salud

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